Compuesto por tres artistas, dos arquitectos, un comisario y un científico, nuestro colectivo colabora con el Museo Nacional de Altamira en el marco del programa Organismo, organizado por TBA21. Durante nuestro viaje de aproximación, exploramos y quisimos poner en juego los límites construidos en torno a lo humano y lo más que humano, y en torno al adentro y el afuera del museo. Tras encontrarnos desde el inicio con la imposibilidad de entrar en la cueva original, exploramos sin embargo el yacimiento más en profundidad y tratamos de comprenderlo en su multiplicidad a través de nuestros sentidos.
Mientras estuvimos en Altamira contemplamos la posibilidad de contar otra historia sobre la cueva. Fascinades por la vida secreta de sus habitantes, las bacterias adheridas a las pinturas, los hongos, los insectos, el agua que gotea en su interior, buscamos dar voz a les actores infrarrepresentades de la historia. La historia, o multiplicidad de historias, iniciada mucho antes que las primeras pinturas sobre las paredes de la cueva.
Troglosoma abarca los varios estratos geológicos, biológicos y humanos que han existido — y existirán — en el territorio de Altamira. Se trata de una historia que, como humanos, no podemos ni siquiera alcanzar a comprender — sus ritmos lentos, la materia volátil y la infinitud de seres microscópicos que habitan la cueva y su entorno ecológico superan cualquier epistemología humana. Una historia profunda del contexto que solo hemos podido explorar a través del cuerpo, los sentidos y la ficción especulativa.
Troglosoma es un proyecto surgido del programa Organismo. Arte en ecologías críticas aplicadas, organizado por TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
Los integrantes del proyecto son Valentin Bansac, laura fernández antolín, Sofia Kouloukouri, Manuel Prados, Elena Rocabert, Oxel Urra y Jorge Van den Eynde
Compuesto por tres artistas, dos arquitectos, un comisario y un científico, nuestro colectivo colabora con el Museo Nacional de Altamira en el marco del programa Organismo, organizado por TBA21. Durante nuestro viaje de aproximación, exploramos y quisimos poner en juego los límites construidos en torno a lo humano y lo más que humano, y en torno al adentro y el afuera del museo. Tras encontrarnos desde el inicio con la imposibilidad de entrar en la cueva original, exploramos sin embargo el yacimiento más en profundidad y tratamos de comprenderlo en su multiplicidad a través de nuestros sentidos.
Mientras estuvimos en Altamira contemplamos la posibilidad de contar otra historia sobre la cueva. Fascinades por la vida secreta de sus habitantes, las bacterias adheridas a las pinturas, los hongos, los insectos, el agua que gotea en su interior, buscamos dar voz a les actores infrarrepresentades de la historia. La historia, o multiplicidad de historias, iniciada mucho antes que las primeras pinturas sobre las paredes de la cueva.
Troglosoma abarca los varios estratos geológicos, biológicos y humanos que han existido — y existirán — en el territorio de Altamira. Se trata de una historia que, como humanos, no podemos ni siquiera alcanzar a comprender — sus ritmos lentos, la materia volátil y la infinitud de seres microscópicos que habitan la cueva y su entorno ecológico superan cualquier epistemología humana. Una historia profunda del contexto que solo hemos podido explorar a través del cuerpo, los sentidos y la ficción especulativa.
Troglosoma es un proyecto surgido del programa Organismo. Arte en ecologías críticas aplicadas, organizado por TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
Los integrantes del proyecto son Valentin Bansac, laura fernández antolín, Sofia Kouloukouri, Manuel Prados, Elena Rocabert, Oxel Urra y Jorge Van den Eynde