La palabra «magia» está intrínsecamente ligada al misterio, a las fórmulas y a los códigos transmitidos a través de generaciones de hechiceros por vía oral y mnemónica, o a través de libros secretos. Suspendida entre realidad y ficción, la magia ha acompañado a la humanidad en su intento de comprender lo que la rodea: las cualidades ocultas de las cosas y las conexiones entre mente, cuerpo y mundo exterior. Entre las muchas definiciones del término, distantes entre sí geográfica y temporalmente, hemos escogido heka para dar forma a nuestras reflexiones sobre el retorno del pensamiento mágico y sus intersecciones con las tecnologías digitales.
Heka (hk3[w]) es una de las palabras usadas en el antiguo Egipto para designar las cualidades que hoy identificaríamos con el término «magia». El heka era una de las fuerzas que el dios creador (según la región y el período, distintas divinidades del panteón egipcio desempeñaban este papel) podía ejercer para configurar y sostener el mundo. Esta energía —o energías— existía antes que los dioses y permeaba cada aspecto de la creación. Divinidades, seres sobrenaturales y monarcas poseían heka en sí mismos, y ciertos seres humanos —que se habían iniciado previamente en la práctica de la magia— eran capaces de gobernarla a través del vínculo indisociable entre palabra e imagen. El dominio de ambos instrumentos les permitía acceder al conocimiento interior de las cosas y actuar sobre la materia. A través de medios escritos y visuales (oraciones, inscripciones, amuletos), era posible invocar la fuerza del heka y revelar las conexiones ocultas entre sujetos y objetos.
HEKA recibió la Ayuda a la creación contemporánea del Ayuntamiento de Madrid, una ayuda Europe Culture Moves de Creative Europe e Institut Goethe y una ayuda PICE de Acción Cultural Española.

La palabra «magia» está intrínsecamente ligada al misterio, a las fórmulas y a los códigos transmitidos a través de generaciones de hechiceros por vía oral y mnemónica, o a través de libros secretos. Suspendida entre realidad y ficción, la magia ha acompañado a la humanidad en su intento de comprender lo que la rodea: las cualidades ocultas de las cosas y las conexiones entre mente, cuerpo y mundo exterior. Entre las muchas definiciones del término, distantes entre sí geográfica y temporalmente, hemos escogido heka para dar forma a nuestras reflexiones sobre el retorno del pensamiento mágico y sus intersecciones con las tecnologías digitales.
Heka (hk3[w]) es una de las palabras usadas en el antiguo Egipto para designar las cualidades que hoy identificaríamos con el término «magia». El heka era una de las fuerzas que el dios creador (según la región y el período, distintas divinidades del panteón egipcio desempeñaban este papel) podía ejercer para configurar y sostener el mundo. Esta energía —o energías— existía antes que los dioses y permeaba cada aspecto de la creación. Divinidades, seres sobrenaturales y monarcas poseían heka en sí mismos, y ciertos seres humanos —que se habían iniciado previamente en la práctica de la magia— eran capaces de gobernarla a través del vínculo indisociable entre palabra e imagen. El dominio de ambos instrumentos les permitía acceder al conocimiento interior de las cosas y actuar sobre la materia. A través de medios escritos y visuales (oraciones, inscripciones, amuletos), era posible invocar la fuerza del heka y revelar las conexiones ocultas entre sujetos y objetos.
HEKA recibió la Ayuda a la creación contemporánea del Ayuntamiento de Madrid, una ayuda Europe Culture Moves de Creative Europe e Institut Goethe y una ayuda PICE de Acción Cultural Española.
